¿El día de que? Eso él no lo sabía. De lo único que estaba seguro es que hoy era su día… y nadie, absolutamente nadie iba a arruinárselo. Años llevaba ya, aguantando su vida cargada de odio y fracaso. Su esposa nunca le quiso, ¿sus hijos? No saben que existe. Él tiene un perro, su nombre es irrelevante… quizás es que ni el mismo se acuerda, quizás es que nunca vio en ese perro su posible único amigo.
Bajó las escaleras de su domicilio aun en pijama, no tenía intención de ir a trabajar ese día. No al menos, para ver como su jefe lo degradaba delante de todos sus compañeros… no, hoy no iba a pasar eso. Su familia estaba desayunando, ni siquiera le dirigieron un triste “Hola”, ni siquiera una simple mirada, ni un mísero segundo de sus vidas. Estaba acostumbrado, no esperaba más ni lo esperará. Salió del lugar, dando un portazo y cogiendo las llaves de su automóvil con velocidad. Descalzo, podía sentir la hierba de su jardín recién regada. Una sensación que entonces le pareció agradable.
Ignoró su coche… hoy no tenía ganas de usarlo, le daba malos recuerdos. Aun iba descalzo y en pijama, andando por la calle. Era el centro de atención… todo el mundo, trajeados, arreglados para ir a sus trabajos, para triunfar en su vida, lo miraban con una expresión de desprecio.
-¿Quién es ese tipo?- Pensarían… o quizás llegarían a la conclusión de que se trataba de un loco. A él eso le daba igual, él era feliz por una vez en mucho tiempo.
El tiempo seguía pasando, sus pasos seguían resonando débilmente por la calle, cada vez más vacía. A cada cuesta que subía… cada callejón que superaba… cada carretera que cruzaba… era más y más feliz. Quién sabe por qué, no necesita una explicación científica.
Por fin llegó a su destino. Un puente… preciosas vistas, preciosa ciudad, precioso todo. A él todo le parecía precioso en ese momento. Subió sus pies a la barandilla y miró al cielo, con una ligera expresión de sonrisa. Era feliz, estaba claro. Tragó aire y dio un paso al vacío. Su cuerpo cayó como si de una piedra se tratase y se hundió en el agua. Se hundió para siempre… pero había conseguido lo que quería…
Por un momento, saboreó esa sensación de euforia insostenible que esa mañana revoloteaba en su estómago.
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