- Hermosa chaqueta, señor.- Dijo uno de los tantos soldados que había en aquel barco, intentando llamar la atención del viejo capitán.
- Vaya,le agradezco que se fije. Es cuero del bueno, me costó casi tres esclavos y unas cuantas monedas de oro, pero creo que mereció la pena, al fin y al cabo, esta es una ocasión especial. No se lucha contra piratas sanguinarios todos los días... solo espero que no me la manchen.
Era todo lo que se podía decir. El cielo estaba complamente azul, sobre todas aquellas cabezas descerebradas que solo pensaban en llevarse a alguien por delante, sin ninguna nube, solo algunos toques blancos se dejaban apreciar. El mar, continuaba su vida sin inmutarse por lo que estaba apunto de suceder sobre él, meciendo levemente el barco. "El barco" era toda una pieza de maestro artesano, fabricado con un cuidado y mimo dificil de encontrar. Miles de adornos en oro se distribuían por toda su madera y todas las velas que poseía, fueron creadas con la mejor tela existente. Un capricho de "Su majestad" como dirían algunos.
El capitán se encontraba al frente de todo el ejercito, en la proa del transporte, observando como a los lejos, un barco pirata se acercaba hacia ellos. Permanecía allí, de pie, con la mano introducida en la ya famosa chaqueta, contemplando el futuro campo de batalla con una sonrisa. Entonces, giró sobre si mismo, sin siquiera dar un solo paso, poniéndose de frente a todos los presentes.
- Caballeros...- Comenzó, dejando una larga pausa tras ello.- Espero que estén dispuestos a morir por su patria, por su país, por su honor... ¡por todo lo que están representando ahora mismo!
Sus gritos despertaron el sentimiento de euforia de todos los soldados, que levantaron a una sus cuchillos y espadas en señal de afirmación, puesto que su nivel intelectual no alcazaba a más. Justo en ese momento, un sonido estremecedor recorrió el amplio mar, con un eco gigantesco. Una bala de cañón chocó contra la misma proa donde estaba el capitán con una velocidad vertiginosa, haciendo que éste diese un pequeño salto hacia adelante.
- Pues bien, señores... es hora de demostrarlo. Yo estaré en mi camarote esperando a que ustedes se maten por mí.- Dijo mientras encaminaba sus pies hacia la única puerta del barco.- Oh, y les ruego, por favor... Que no hagan demasiado ruido, voy a intentar dormir.
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