Esa mañana, como todas las demás, el señor de la casa abrió su periódico mientras dejaba que su delicioso desayuno, formado por unos huevos fritos y un café con leche humeante recién preparado se enfriase. Ese periódico que había sido seleccionado entre miles como el mejor del día, el que ofrecía una información amplia y precisa maquillada con buenas palabras… con buenas mentiras.
¡El euro se desploma! ¡Diga adiós a la crisis, diga hola a China! ¡La Bolsa deja de tener sentido! ¡La economía española dice adiós para siempre! Esos y muchos más encabezaban todas las noticias que incitaban al caos social, al miedo colectivo y al aumento de una crisis producida no tanto por la imposibilidad de crear riqueza sino por el miedo a perder esa riqueza.
- Jo, jo… - Dejaba escapar el señor de vez en cuando, mientras ojeaba una a una todas las noticias pesimistas del diario.
Mientras tanto, la familia de éste contemplaba la televisión, rebosante de información falsa y dañina, mezclada entre anuncios que rezaban alargamientos de pene y una vida más cómoda carente de humanidad.
- ¡Jo, jo, jo! - Esta vez, el señor rompió a carcajadas, arrugando el periódico entre sus piernas y llevándose una tostada magistralmente untada en mantequilla a la boca.- No me puedo creer que estos estúpidos sean capaces de creerse todas estas sandeces.- Dijo a su familia, con la boca llena, arrojando algunos restos de pan a su café.
Su mujer se giró hacia él, con esa expresión que tiene cualquier esposa feliz de tener un marido triunfante y una gran cuenta corriente en el banco en caso de tener que pedir el divorcio y quedarse con absolutamente todo.
- ¿A quienes te refieres, cariño?
- A este país, por supuesto.- Decía aun, con la tostada en la boca. Este detalle desagradaba a su hijo, que tenía que aguantar a su lado, como masticaba como un cerdo, pero éste permaneció en silencio.- Ellos siguen creyéndose toda esta basura mientras nosotros, la gente lista y poderosa nos llenamos los bolsillos.
Su mujer sonrió. Nunca le interesaron esos temas, estaba contenta de recibir dinero sin mover ni un dedo.
- Quizás deberíais dejar de mentir. Quizás deberíais ayudar más al país en vez de quedaros todo vosotros. Quizás así todo funcionase mejor, creo.- Dijo su hija, de tan solo diez años, que no desayunaba nada. Prefería no coger nada de aquello, sabiendo que había sido pagado con el sudor de algún pobre incauto- No sirve de nada ser rico en un país que no funciona.
- Hija mía… cuando crezcas un poco más te darás cuenta de cómo funciona la política.- Respondió su padre, dando un sorbo al café ya algo más frío y dándole algunas palmaditas en la cabeza.- Así que déjanos a nosotros, los políticos, que salvemos a este país…
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