domingo, 7 de agosto de 2011

¡El euro se desploma!

Esa mañana, como todas las demás, el señor de la casa abrió su periódico mientras dejaba que su delicioso desayuno, formado por unos huevos fritos y un café con leche humeante recién preparado se enfriase. Ese periódico que había sido seleccionado entre miles como el mejor del día, el que ofrecía una información amplia y precisa maquillada con buenas palabras… con buenas mentiras.

¡El euro se desploma! ¡Diga adiós a la crisis, diga hola a China! ¡La Bolsa deja de tener sentido! ¡La economía española dice adiós para siempre! Esos y muchos más encabezaban todas las noticias que incitaban al caos social, al miedo colectivo y al aumento de una crisis producida no tanto por la imposibilidad de crear riqueza sino por el miedo a perder esa riqueza.

- Jo, jo… - Dejaba escapar el señor de vez en cuando, mientras ojeaba una a una todas las noticias pesimistas del diario.

Mientras tanto, la familia de éste contemplaba la televisión, rebosante de información falsa y dañina, mezclada entre anuncios que rezaban alargamientos de pene y una vida más cómoda carente de humanidad.

- ¡Jo, jo, jo! - Esta vez, el señor rompió a carcajadas, arrugando el periódico entre sus piernas y llevándose una tostada magistralmente untada en mantequilla a la boca.- No me puedo creer que estos estúpidos sean capaces de creerse todas estas sandeces.- Dijo a su familia, con la boca llena, arrojando algunos restos de pan a su café.

Su mujer se giró hacia él, con esa expresión que tiene cualquier esposa feliz de tener un marido triunfante y una gran cuenta corriente en el banco en caso de tener que pedir el divorcio y quedarse con absolutamente todo.

- ¿A quienes te refieres, cariño?

- A este país, por supuesto.- Decía aun, con la tostada en la boca. Este detalle desagradaba a su hijo, que tenía que aguantar a su lado, como masticaba como un cerdo, pero éste permaneció en silencio.- Ellos siguen creyéndose toda esta basura mientras nosotros, la gente lista y poderosa nos llenamos los bolsillos.

Su mujer sonrió. Nunca le interesaron esos temas, estaba contenta de recibir dinero sin mover ni un dedo.

- Quizás deberíais dejar de mentir. Quizás deberíais ayudar más al país en vez de quedaros todo vosotros. Quizás así todo funcionase mejor, creo.- Dijo su hija, de tan solo diez años, que no desayunaba nada. Prefería no coger nada de aquello, sabiendo que había sido pagado con el sudor de algún pobre incauto- No sirve de nada ser rico en un país que no funciona.

- Hija mía… cuando crezcas un poco más te darás cuenta de cómo funciona la política.- Respondió su padre, dando un sorbo al café ya algo más frío y dándole algunas palmaditas en la cabeza.- Así que déjanos a nosotros, los políticos, que salvemos a este país…

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